Desde prácticamente el descubrimiento del Sepulcro del Apóstol Santiago (S.IX) muchos peregrinos, una vez llegados a Santiago decidían prolongar su Camino hasta la Costa da Morte.

Seguían hasta Fisterra donde se pensaba que la tierra acababa; y luego hasta Muxia, directos al Santuario da Virxe da Barca.