
Cada año miles de peregrinos emprenden el Camino de Santiago, ya sea por libre o mediante un Camino Santiago organizado, motivados por razones espirituales, culturales o personales. Todos ellos coinciden en algo al ponerse en marcha: su riqueza natural es en sí misma un tesoro, tan valioso como sus monumentos históricos.
A lo largo de las diferentes rutas jacobeas, el caminante atraviesa paisajes espectaculares que ofrecen retos físicos y recompensas visuales a partes iguales. En este artículo exploramos los parajes naturales más destacados en las rutas del Camino de Santiago, pensando en el peregrino que busca conectar con la naturaleza en su viaje.
Índice de contenidos
- 1 Parajes naturales en las rutas del Camino de Santiago
- 1.1 Camino Francés
- 1.2 Camino del Norte: la costa cantábrica
- 1.3 Camino Primitivo: senderos de montaña en Asturias
- 1.4 Camino Portugués por la Costa
- 1.5 Camino Inglés: rías y bosques de Galicia
- 1.6 Vía de la Plata: dehesas y parques naturales del sur
- 1.7 Un epílogo natural: Finisterre y la Costa da Morte
Parajes naturales en las rutas del Camino de Santiago
Camino Francés
El Camino Francés es la ruta jacobea más célebre y transitada, y también una de las más diversas en entornos naturales.
Empieza cruzando los Pirineos entre Saint-Jean-Pied-de-Port y Roncesvalles, una de las etapas más exigentes. En este ascenso alpino, el peregrino recorre montañas cubiertas de bosques y praderas de alta montaña, disfrutando de vistas espectaculares de valles y cumbres que se pierden en el horizonte.
Tras el desafío pirenaico, el recorrido atraviesa bosques de robles y hayas en Navarra, para luego abrirse a la vasta meseta castellana en las provincias de Burgos y Palencia. Aunque la llanura pueda parecer monótona a simple vista, muchos peregrinos encuentran en estos campos de trigo y cielos infinitos una belleza serena y una experiencia de introspección única.
Finalmente, al acercarse a Galicia, el paisaje vuelve a cambiar dando paso a terrenos montañosos y verdes valles.
Sierra de Atapuerca
En la provincia de Burgos, el recorrido atraviesa la Sierra de Atapuerca, un entorno natural declarado Patrimonio de la Humanidad por su extraordinaria relevancia arqueológica y paisajística. Además de albergar yacimientos prehistóricos únicos, la zona ofrece al peregrino senderos que serpentean entre encinas, quejigos y pastizales, con vistas panorámicas sobre la llanura burgalesa.
Sierra de Ancares

La Sierra de los Ancares, en la frontera entre León y Lugo, ofrece panorámicas de cumbres y bosques que suponen uno de los grandes retos naturales de esta ruta. Al coronar el alto de O Cebreiro (1.300 m de altitud), es posible contemplar un paisaje de montañas imponentes salpicado de pequeñas aldeas de piedra y las tradicionales pallozas celtas.
Este tramo, dentro de la Reserva de la Biosfera de Ancares, marca la entrada a Galicia y recompensa el esfuerzo con vistas impresionantes y aire puro de montaña. Por su belleza escénica y valor cultural, O Cebreiro está considerado como uno de los parajes obligados en el Camino Francés.
Camino del Norte: la costa cantábrica
El Camino del Norte bordea la costa cantábrica desde el País Vasco hasta Galicia, ofreciendo al peregrino un constante espectáculo marítimo.
En particular, el tramo del Camino de Santiago desde Santander a Gijón atraviesa algunos de los paisajes litorales más bonitos de Cantabria y Asturias. Esta parte alterna playas de arena casi vírgen, dunas costeras y abruptos acantilados que caen al Cantábrico, siempre con un entorno verde de prados y bosques a un lado y el mar azul al otro.
Parque Natural de Oyambre y el Río Sella

Entre los escenarios naturales destacados están el Parque Natural de Oyambre en Cantabria, una franja de costa protegida con dunas móviles, marismas y largas playas.
El estuario del río Sella en Asturias, cerca de Ribadesella, donde el río se encuentra con el mar formando marismas ricas en vida salvaje.
El recorrido también pasa por localidades marineras con gran encanto, como San Vicente de la Barquera (rodeada de playas y con los Picos de Europa recortando el horizonte tierra adentro) o Llanes, en cuyos alrededores abundan los bufones (géiseres marinos) y playas escondidas entre acantilados.
Playa de las Catedrales
Al entrar en Galicia, muchos peregrinos se desvían unos kilómetros para visitar la famosa Playa de las Catedrales en Ribadeo, considerada uno de los parajes más espectaculares de todo el litoral español. Este monumento natural debe su nombre a los enormes arcos de piedra esculpidos por el mar, algunos de más de 30 metros de altura, que recuerdan a los arbotantes de una catedral gótica.
La visión de estas formaciones rocosas sobre la arena, accesibles únicamente durante la marea baja, deja huella en cualquiera que ame la naturaleza.
Camino Primitivo: senderos de montaña en Asturias
El Camino Primitivo es para muchos la ruta jacobea con mayor contacto con la naturaleza. De hecho, suele considerarse la opción más “salvaje” del Camino debido a sus tramos aislados y de alta montaña.
La primera mitad del recorrido por tierras asturianas es sencillamente espectacular, cruzando la cuenca de Oviedo y adentrándose en las sierras de Tineo, Palo y el Rañadoiro, casi siempre por encima de los 1.000 metros de altitud. Durante jornadas enteras, se avanza por antiguos senderos de montaña entre brañas, bosques de hayas y pinos, y valles remotos salpicados de pequeños pueblos ganaderos.
Uno de los tramos emblemáticos es la Ruta de los Hospitales, que sigue el cordal de la montaña asturiana pasando por las ruinas de antiguos refugios medievales; en días claros, las vistas se extienden kilómetros a la redonda sin rastro de civilización.
Camino Portugués por la Costa
En los últimos años ha ganado popularidad el Camino Portugués de la Costa, una variante del Camino Portugués tradicional que discurre pegada al océano Atlántico.
En el Camino Portugués desde Oporto a A Guarda, el peregrino disfruta de kilómetros de litoral atlántico en estado puro. Pasará por interminables playas doradas, sistemas dunares y estuarios poblados de aves marinas.
Nuestros vecinos portugueses han habilitado sendas litorales y pasarelas de madera. Estas permiten caminar junto al mar prácticamente desde la desembocadura del Duero hasta la desembocadura del Miño.
Durante el recorrido se atraviesan encantadoras poblaciones costeras y puertos pesqueros, como Póvoa de Varzim, Esposende o Viana do Castelo, siempre con la brisa marina como compañera.
Uno de los parajes más emblemáticos en este trayecto es el Parque Natural do Litoral Norte de Portugal. Se trata de una franja protegida de humedales, pinares y playas vírgenes entre las localidades de Esposende y Viana, donde es común avistar garzas y otras aves en las marismas costeras.
Tras caminar junto a las olas y las dunas, el Camino Portugués costero alcanza el pintoresco pueblo de Caminha, desde donde un ferry tradicional cruza las aguas del Miño. Este mágico cruce fluvial marca la entrada en Galicia: al otro lado del río espera A Guarda, dominada por el Monte Santa Trega (famoso mirador natural y yacimiento celta) y el océano abierto a sus pies.
Ya en tierras gallegas, el Camino desde a Guarda a Santiago continúa ofreciendo postales costeras de gran belleza antes de unirse al camino interior.
Desde A Guarda la ruta avanza siempre paralela al Atlántico: el sendero se encarama a los acantilados de granito que protegen la costa, con el rumor del oleaje acompañando cada paso hasta llegar al aislado Monasterio de Santa María de Oia (siglo XII), construido en un sobrecogedor escenario frente al mar. Pocos lugares transmiten tanto la sensación de caminar en la frontera entre la tierra y el océano como este tramo sobre los acantilados de Oia.
Más adelante, el Camino deja atrás los acantilados para abrazar la Ría de Vigo, un entrante del mar con carácter de fiordo atlántico. Al acercarse a Baiona, el paisaje se dulcifica: aparecen playas doradas resguardadas en la bahía, paseos marítimos y puertos deportivos llenos de vida.
Frente a la costa, asoman las siluetas de las Islas Cíes, que emergen en el horizonte protegidas como parque nacional, hogar de algunas de las playas más bellas de Galicia. A lo largo de la ría no es raro divisar delfines jugando mar adentro, especialmente en los días de mar en calma.
Camino Inglés: rías y bosques de Galicia
El Camino Inglés parte de la costa atlántica gallega y en pocos días conduce a Santiago a través de paisajes verdes y marítimos muy pintorescos.
Si se inicia en Ferrol, la ruta sigue la línea de costa interior de las Rías de Ferrol y Betanzos, con mareas que suben y bajan revelando marismas y arenales, mientras el camino se adentra poco a poco tierra adentro.
Parque Natural Fragas do Eume

En la etapa reina de la naturaleza, el recorrido atraviesa el Parque Natural Fragas do Eume, uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Europa. Este espeso bosque de ribera, con árboles centenarios cubiertos de musgo, cascadas ocultas (como la de Caaveiro) y puentes medievales, envuelve al peregrino en un ambiente casi mágico.
Caminar por sus sendas umbrías, escuchando el murmullo del río entre la vegetación exuberante, es transportarse a otro tiempo y sentir la Galicia más misteriosa y profunda.
Vía de la Plata: dehesas y parques naturales del sur
La Vía de la Plata es la ruta jacobea que viene desde el sur (Sevilla) atravesando toda Extremadura y Castilla hasta Galicia, lo que garantiza una enorme variedad de ecosistemas a su paso. En las etapas andaluzas y extremeñas, el peregrino recorre dehesas mediterráneas infinitas, salpicadas de encinas y alcornoques, donde pastan ganado ibérico bajo cielos abiertos.
Parque Natural de Cornalvo
A la altura de Mérida, el recorrido atraviesa el Parque Natural de Cornalvo. Es un espacio protegido que alberga una histórica presa romana en forma de cuerno (que sirvió para abastecer a Emérita Augusta) y humedales ricos en aves acuáticas.
Es un paraje sorprendente por la combinación de patrimonio y naturaleza: entre sus bosques de encinas aún sobreviven especies esquivas como el gato montés, símbolo de la buena salud ecológica de la zona.
Parque Natural del Lago de Sanabria

Más al norte, la ruta continúa por las llanuras cerealistas de Castilla y León y luego se adentra en las montañas de Zamora y Ourense a través del llamado Camino Sanabrés. En este tramo final, el paisaje vuelve a hacerse verde y montañoso, con ríos y embalses encajados en valles profundos.
Destaca especialmente el Parque Natural del Lago de Sanabria, donde se extiende el lago de origen glaciar más grande de la península ibérica. Si el peregrino cuenta con tiempo, acercarse a las orillas de este lago de alta montaña, rodeado de bosques de robles y leyendas (dicen que sus aguas cubren un antiguo pueblo sumergido), es una experiencia natural inolvidable.
Un epílogo natural: Finisterre y la Costa da Morte
Los últimos kilómetros conducen al mítico Cabo Finisterre, un promontorio rocoso azotado por el viento donde el continente termina abruptamente en acantilados sobre el mar abierto. Históricamente considerado el “fin del mundo conocido”, ofrece atardeceres de sobrecogedora belleza y vistas panorámicas de la inmensidad del Atlántico.
Junto con la vecina Ría de Corcubión, este entorno costero conforma un paisaje natural único, cargado de simbolismo para el peregrino que llega al final de la tierra. Es el broche perfecto para quienes buscan una última comunión con la naturaleza tras alcanzar Compostela.
El Camino de Santiago no es solo un trayecto hacia una catedral, sino un viaje a través de una sorprendente variedad de paisajes: desde las cumbres nevadas pirenaicas hasta las playas atlánticas, pasando por bosques milenarios, ríos caudalosos y silenciosas mesetas. Cada ruta jacobea brinda al peregrino la oportunidad de maravillarse con la belleza natural de la península ibérica en toda su diversidad.
Al recorrer estos parajes a pie, el caminante desarrolla una conexión especial con el entorno, apreciando la simplicidad de un amanecer en el campo o la majestuosidad de una tormenta en la montaña. Por ello, es responsabilidad de todos cuidar y respetar estos entornos para que sigan siendo el tesoro que son: conservar la riqueza natural de los caminos es tarea de cada peregrino.





