El Camino de Invierno es una ruta jacobea que parte de Ponferrada. Se adentra en Galicia siguiendo, en gran medida, el corredor fluvial del río Sil por comarcas como Valdeorras y la Ribeira Sacra, hasta enlazar en Lalín/A Laxe con el trazado que continúa hacia Santiago.

Su identidad histórica se entiende por contraste con el Camino Francés: en época invernal, la ruta ofrecía un itinerario a cotas más bajas que evitaba la subida a las cumbres nevadas de O Cebreiro, reduciendo el riesgo asociado a la meteorología en la montaña.

Hoy, sigue siendo minoritario (lo cual atrae al peregrino que busca calma), pero está bien señalizado y con un perfil paisajístico-cultural muy potente: Las Médulas, viñedos, patrimonio románico y miradores de interior.

 

Antes de peregrinar, ¿qué debes saber?

Para planificarlo de forma realista en meses fríos conviene asumir tres hechos:

 

  • No hay una única “lista oficial” de etapas universal.

 

  • En invierno hay menos servicios abiertos y más incertidumbre logística.

 

  • El trazado incluye puntos con altitud notable (la Serra do Faro ronda los 1.153 m, techo del recorrido), además de zonas susceptibles de lluvias intensas e incluso inundaciones puntuales.

 

Este texto es exclusivamente informativo. Mundiplus no cubre actualmente el Camino de Invierno. En este caso, nuestra única intención es proporcionarte información acerca de esta alternativa. Si quieres disfrutar de la experiencia con nosotros, te invitamos a  revisar nuestras rutas alternativas del camino de Santiago.

 

Historia, trazado y razón de ser invernal

En realidad, el Camino de Invierno puede considerarse como “entrada natural a Galicia” desde la meseta y señala un origen conectado con época romana: se documenta una calzada secundaria vinculada a las explotaciones auríferas de Las Médulas y se cita como prueba el túnel romano de Montefurado.

Esa misma fuente añade capas históricas posteriores. La ruta fue utilizada por distintos pueblos a lo largo del tiempo: sirvió como vía de entrada para las tropas invasoras de Napoleón Bonaparte a comienzos del siglo XIX. Luego, fue corredor para el primer trazado ferroviario que comunicó Galicia con el resto de la Península en 1883.

Como ya hemos adelantado, el término “Invierno” se asocia a la lógica práctica de evitar un punto crítico de la ruta francesa: la subida de O Cebreiro en condiciones de nieve. Así lo explican tanto guías contemporáneas como entidades jacobeas. Es una forma de no afrontar el ascenso al puerto/cumbres del Cebreiro en la época invernal más cruda, avanzando al abrigo de los valles fluviales.

En cuanto a reconocimiento institucional, la Xunta de Galicia comunicó en 2016 la entrada en vigor de la Ley del Patrimonio Cultural que oficializa el Camino de Invierno como ruta de peregrinación. Destaca como el único camino que atraviesa las cuatro provincias gallegas, con un trazado señalado de unos 210 km en territorio gallego (enunciado institucional) y paso por comarcas como Valdeorras y Deza.

Se trata de una ruta de aprox. 260–270 km desde Ponferrada, asumiendo pequeñas variaciones por desvíos, obras y la alternativa ecológica (por ejemplo, la variante por la Serra da Enciña da Lastra).

Como resumen de trazado para el peregrino (orden aproximado de grandes hitos), el itinerario enlaza: Ponferrada → Las Médulas → O Barco de Valdeorras → A Rúa de Valdeorras → Quiroga → A Pobra do Brollón → Monforte de Lemos → Chantada → Rodeiro → Lalín → Silleda → Outeiro (Vedra) → Santiago de Compostela.

 

Etapas recomendadas del Camino de Invierno en 2026

Las etapas en el Camino de Invierno no son un dogma: el propio ecosistema jacobeo ofrece “repartos” distintos. Nosotros te sugerimos un itinerario intermedio. En la siguiente tabla se resume una propuesta de 12 jornadas:

 

  • Jornada 1: Ponferrada → Las Médulas (28 km)
  • Jornada 2: Las Médulas → O Barco de Valdeorras (27 km)
  • Jornada 3: O Barco de Valdeorras → A Rúa de Valdeorras (13 km)
  • Jornada 4: A Rúa de Valdeorras → Quiroga (28 km)
  • Jornada 5: Quiroga → A Pobra do Brollón (23 km)
  • Jornada 6: A Pobra do Brollón → Monforte de Lemos (13 km)
  • Jornada 7: Monforte de Lemos → Chantada (30 km)
  • Jornada 8: Chantada → Rodeiro (25 km)
  • Jornada 9: Rodeiro → Lalín (22 km)
  • Jornada 10: Lalín → Silleda (16 km)
  • Jornada 11: Silleda → Outeiro (Vedra) (24 km)
  • Jornada 12: Outeiro (Vedra) → Santiago de Compostela (17 km)

 

Variantes y ajustes prácticos sobre el terreno

El Camino de Invierno incorpora variantes históricas y “microdecisiones” que pueden afectar a kilómetros, tiempo y seguridad:

 

  • Una bifurcación relevante aparece tras Santalla (precisamente en la primera etapa: aquí hay “dos posibles alternativas” que vuelven a confluir cerca del entorno del castillo de Cornatel (Alto de Ferreiros), antes del descenso a Las Médulas.

 

  • La variante más clara (y útil para entender por qué conviene mirar el mapa antes de salir) es la que ocurre en la segunda etapa: el peregrino posibilidad de desviarse en Quereño hacia la Serra da Enciña da Lastra: son 14 km más respecto a la ruta por la ribera del Sil, aunque ambas opciones se reúnen en O Barco de Valdeorras.

 

  • En la quinta etapa, que parte desde Quiroga, tendrás la opción de ir por “San Clodio, Ribas de Sil” y volver a la ruta tras cruzar el puente más adelante.

 

  • Como puedes ver, la etapa Monforte–Chantada es bastante larga. Además, cuenta con pocos servicios intermedios. No obstante, puede acortarse durmiendo en Diomondi. De hecho, en Chantada “quedan” aproximadamente 103 km a Santiago, por lo que este punto también puede servir como punto de partida.

 

Puntos de interés y servicios clave

Una de las grandes bazas del Camino de Invierno es su densidad de patrimonio y paisaje en relativamente pocos días: del Bierzo a la Galicia interior del Sil, la Ribeira Sacra y, finalmente, la llegada a Santiago de Compostela. A continuación te dejo una lectura del recorrido centrada en puntos de interés.

 

Ponferrada y el Castillo de los Templarios: una salida con sabor medieval

El arranque en Ponferrada ya te coloca en un escenario potente: la ciudad conserva una atmósfera de frontera histórica entre caminos, ríos y pasos hacia Galicia.

El gran hito es el Castillo de los Templarios, una fortaleza compleja (por fases y reformas) que funciona como “umbral narrativo” del Camino: sales con una imagen medieval clara en la cabeza, y eso da contexto a lo que viene después. Incluso si no entras, verlo y rodearlo ayuda a entender por qué el Bierzo fue un territorio estratégico. Además, es un punto de interés que no requiere desviarse: está integrado en el inicio del relato peregrino.

 

Las Médulas: el paisaje romano que define la primera parte del Camino

Si tuvieras que elegir un solo punto “icónico” del Camino de Invierno, serían Las Médulas. Este paisaje, resultado de la minería aurífera romana, tiene algo que el peregrino valora mucho: no es un monumento aislado, sino un territorio entero transformado por la historia.

El contraste entre los tonos rojizos, los castaños y los perfiles recortados hace que el lugar sea reconocible incluso con cielo gris. Además, encaja muy bien con el espíritu del Camino de Invierno: una ruta de interior que “habla” de Roma, minería y vías históricas, no solo de catedrales o grandes ciudades.

 

El corredor del río Sil: valle, laderas y la estética del interior fluvial

Desde el Bierzo hacia Galicia, el recorrido se apoya en el río Sil como hilo conductor. Esto se nota en la experiencia: se alternan tramos donde el paisaje se abre (valle) con otros más encajados (laderas y curvas del río), y el caminar se vuelve casi “geográfico”: avanzas leyendo el terreno.

El interés aquí no es un único punto con nombre propio, sino la sensación de corredor natural: riberas, puentes, miradas largas sobre el agua y cambios de luz cuando el cielo está cerrado. En días fríos, este tramo ofrece un tipo de belleza muy específica: la del paisaje sobrio, húmedo y silencioso.

 

Valdeorras y las puertas de la Ribeira Sacra: viñedo, piedra y cultura de interior

Al entrar en comarcas como Valdeorras y aproximarte al universo de la Ribeira Sacra, el Camino empieza a mostrar una de sus identidades más potentes: la de un territorio trabajado durante siglos. Aparecen laderas con viñedo, muros de piedra, pequeñas aldeas y un paisaje que combina “lo humano” con “lo abrupto”.

No es tanto un tramo de grandes monumentos “de postal” como de patrimonio disperso: capillas, cruceiros, viejos caminos empedrados en algunos puntos y vistas que se ganan a base de caminar.

 

Montefurado: una “prueba” material del pasado romano

En el Camino de Invierno, el vínculo romano no se queda en un párrafo histórico: tiene una presencia tangible en el túnel romano de Montefurado. Este punto funciona muy bien como parada cultural porque es concreto y fácil de entender: estás ante una obra que remite a ingeniería antigua y a la relación entre territorio y explotación de recursos.

En una ruta que reivindica calzadas secundarias y conexiones mineras, Montefurado actúa como un “argumento” en piedra: te recuerda que este camino, antes de ser jacobeo, fue un corredor funcional.

 

Monforte de Lemos y el corazón interior: historia urbana y presencia monumental

El paso por Monforte de Lemos añade un cambio de registro: de tramos más rurales y fluviales a un escenario con mayor densidad histórica. Aquí, el interés está en su carácter de núcleo interior con capas de tiempo: Galicia también es esto, no solo costa o grandes catedrales. Según cómo traces tu jornada, Monforte es un punto donde el Camino adquiere un tono más “urbano” y monumental, con espacios que invitan a levantar la vista y leer la ciudad como parte del viaje.

 

Codos de Belesar y la Ribeira Sacra visual: meandros, bancales y miradores naturales

En el tramo asociado a la Ribeira Sacra, uno de los nombres que mejor sintetiza la experiencia paisajística son los Codos de Belesar: curvas del río, viñedos en bancales y una estética de ladera que impresiona por su verticalidad.

Aquí el interés no es “hacer turismo del vino”, sino observar el viñedo heroico como parte del territorio: pendientes que explican por qué el interior gallego puede ser físicamente exigente. Es un punto especialmente fotogénico, sí, pero también es un recordatorio de que el Camino de Invierno combina tramos amables con otros donde el relieve se impone.

 

Serra do Faro y Nosa Señora do Faro: el techo simbólico del Camino

Aunque el Camino de Invierno naciera como alternativa para evitar la nieve de O Cebreiro, no es un camino “plano”. El paso por la Serra do Faro representa el techo del recorrido y ofrece una de las experiencias más montañosas del itinerario.

Destacamos el desvío hacia la ermita/mirador de Nosa Señora do Faro, con esa sensación de altura que cambia por completo el paisaje: se abre el horizonte, la luz se vuelve distinta y el recvorrido adquiere un tono más “de sierra” antes de volver a zonas más suaves. Es un tramo con fuerte carga simbólica: después de varios días de valle, alcanzar altura se vive como un hito psicológico.

 

Deza, Lalín y el camino hacia Santiago: transición a un final más jacobeo

A medida que avanzas por el entorno de Rodeiro, Lalín y Silleda, el Camino entra en una fase de transición: menos épica fluvial y más “corredor de llegada”. El interés aquí se apoya en la sensación de aproximación: paisajes de interior más abiertos, alternancia de bosques y áreas rurales, y la conciencia de que la ruta se acerca a su desenlace.

Además, el hecho de confluir con trazados más conocidos se percibe en la atmósfera: sin perder su identidad, el Camino empieza a “oler” a Santiago.

 

Comparación con otras rutas jacobeas

Si el lector llega a este artículo buscando “la alternativa al Camino Francés para el frío”, la comparación debe hacerse desde criterios operativos: altitud, exposición meteorológica, densidad de servicios y perfil de experiencia (masificación vs soledad).

Frente al Camino Francés, se plantea precisamente como variante para evitar el paso alto y potencialmente nevado del Cebreiro. Esa motivación aparece tanto en la narrativa institucional gallega (ruta a cotas bajas de la cuenca del Sil) como en descripciones jacobeas divulgativas de referencia.

A cambio, hay un coste claro: es un recorrido más largo desde la bifurcación en Ponferrada. Si escoges esta opción, recorrerás unos 56 km más que en la ruta francesa. De hecho, desde Ponferrada tardarás 11 etapas (y no las 12 propuestas en esta ruta) hasta llegar a Santiago si escoges a Mundiplues como compañero de viaje.

En comparación con rutas costeras, el Camino del Norte ofrece un marco muy distinto.

Desde la perspectiva de Mundiplus, puedes ver el planteamiento de etapa a etapa en la ruta del Camino del Norte desde Gijón. En invierno, la costa suele mantener temperaturas moderadas, pero puede ser más expuesta a temporales atlánticos; el Camino de Invierno, en cambio, se caracteriza por interior fluvial y montaña puntual , con menos peregrinos y menos servicios. Para decidir con criterio, conviene cruzar tres variables: disponibilidad de alojamiento, necesidad de transporte de apoyo y tolerancia a caminar con lluvia y viento.

También es importante entender que este recorrido confluye con el Camino Sanabrés en el entorno de Lalín–A Laxe, y desde ahí comparte el itinerario hacia Santiago. Esto tiene un efecto práctico: desde el punto de vista de servicios (albergues, bares, sellos), el final del recorrido suele ser más “fácil” que el tramo intermedio por Ribeira Sacra, precisamente porque entra en un corredor jacobeo más transitado.

Para quien esté comparando inicios en el Camino Francés (por disponibilidad de tren/bus, variedad de albergues y logística muy madura), Mundiplus tiene guías específicas para tramos clásicos como el Camino de Santiago desde Logroño y el Camino de Santiago desde Burgos.

En términos comparativos, este recorrido destaca más por experiencia “de interior” y patrimonio paisajístico-minero/románico que por densidad de servicios.

 

Recomendaciones prácticas para peregrinos en 2026

Elegir el Camino de Invierno “para los meses fríos” no es solo una decisión de belleza o de soledad: es una decisión logística. A continuación, recomendaciones concretas, apoyadas en normas oficiales cuando afectan a credencial/Compostela y en advertencias de ruta cuando afectan a seguridad.

 

  • En cuanto a mejor época dentro del frío, lo más equilibrado suele ser final de otoño o final de invierno/inicio de primavera. En esta fechas hay menos afluencia y, a la vez, la meteorología suele ser menos extrema que en el corazón del invierno. Aun así, pueden surgir episodios de nieve/hielo que puede exigir adaptar ritmo, horario y calzado.

 

  • Para equipamiento, el criterio es “gestión del agua y del frío”: capas (base térmica + aislamiento + impermeable), pantalón que seque rápido, guantes finos, gorro/braga y, sobre todo, protección frente a lluvia persistente. En etapas largas o de pocos servicios conviene cargar agua y algo de comida para evitar depender de bares cerrados en temporada baja.

 

  • En alojamiento, el Camino de Invierno no tiene todavía la “densidad” de otras rutas más populares. Incluso fuentes institucionales (Castilla y León) subrayan que los servicios para atención al peregrino “no son aún muy abundantes”. En invierno, además, algunos alojamientos pueden cerrar o trabajar con horarios reducidos. Recomendación operativa: reservar cuando sea posible en localidades pequeñas y confirmar por teléfono el mismo día si hay dudas.

 

  • La credencial es imprescindible tanto para la experiencia como para la certificación. La Oficina del Peregrino explica que la credencial oficial se obtiene en la propia oficina o en instituciones autorizadas (parroquias, asociaciones, albergues, cofradías…), y que sirve para acceder a albergues y solicitar la Compostela.

 

  • Sobre sellos, hay una regla práctica que conviene interiorizar desde el primer día: la Oficina del Peregrino recuerda la importancia de disponer de dos sellos por día al menos en los últimos 100 km a pie (y en los últimos 200 km en bici). Esto no debería ser un problema en etapas con núcleos habitados, pero exige disciplina en invierno, cuando puede haber menos locales abiertos.

 

  • En relación con la Compostela, la norma oficial es clara: se requieren 100 km continuos a pie o a caballo (200 km en bicicleta) por un mismo camino oficial en dirección a Santiago, y la última etapa debe ser al menos la inmediatamente anterior a la llegada a la catedral. También se insiste en que no se deben alternar ni mezclar rutas dentro de una misma peregrinación certificada.

 

  • El proceso de recogida también es relevante en 2026: la Oficina del Peregrino indica que la Compostela se entrega de forma presencial e individual, que es gratuita, y que al llegar al Centro Internacional de Acogida se realiza un registro (mediante QR) tras el cual se obtiene un código y luego un ticket de turno. El horario indicado es de 10 a 18 todos los días, con cierre el 25 de diciembre y el 1 de enero.

 

  • Si el peregrino quiere un documento complementario, la Oficina del Peregrino dispone del “Certificado de Distancia”, que registra datos como día y punto inicial, kilómetros realizados, día de llegada y ruta. El coste, formato y condiciones concretas pueden variar, por lo que lo más prudente es comprobarlo directamente en la oficina o en su web antes de viajar.

 

  • En transporte, el consejo útil es diseñar la ida y la vuelta con margen: Ponferrada es el punto de partida habitual y la ruta regresa a un nodo mayor (Santiago), pero en invierno cualquier incidencia meteorológica puede afectar conexiones y ritmos.

 

  • En la ruta, además, hay tramos donde las lluvias pueden crear inundaciones locales; por tanto, conviene revisar la previsión meteorológica oficial cada tarde y evitar caminar de noche.

 

  • Por último, una recomendación de “seguridad blanda” que en este Camino es especialmente valiosa: llevar el track offline y no confiar solo en que haya otros peregrinos. El recorrido está descrito como minoritario, y precisamente ahí está su encanto; pero esa misma cualidad obliga a planificar con más autonomía.