La tumba del Apóstol Santiago y sus orígenes

9 de diciembre, 2011
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La historia del Camino de Santiago comienza en un atardecer de verano del año 829, en un bosque gallego conocido como Libredón, donde un monje ermitaño perteneciente a San Fitz de Solovio y de nombre Pelagio – Paio según otros escritos-  se encontraba en ayuno, orando y haciendo penitencia.

Al elevar sus ojos al cielo, ve asombrado como con las primeras estrellas de la noche, algunas de ellas se desprenden de la bóveda celeste y caen sobre la tierra, no lejos de donde él se encuentra.

Pasó el monje toda la noche en oración, confuso, dando gracias a Dios, hasta que a la mañana siguiente, en compañía de los habitantes de la pequeña aldea de San Fitz, se dirige al lugar donde se habían producido los sobrenaturales símbolos.

Acordando los reunidos, remover la tierra para así averiguar lo que había bajo todo aquello. Son sorprendidos por la aparición de un sepulcro romano de mármol blanco.

Entonces, el monje Pelagio que gozaba de merecida fama de santidad en la comarca, sopesó en voz alta la posibilidad de que aquel sepulcro guardara los restos del mismísimo apóstol Santiago el Mayor, tan buscado por la Cristiandad tras su martirio.

Deciden pues trasladarlo a un lugar sagrado próximo, donde había existido un antiguo cementerio romano y que era conocido como Compostum.

Pelagio avisa al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, que debido a los rumores que corren por Europa sobre la posible localización en Hispania de los restos del Apóstol, considera que esta aparición es importantísima y se lo comunica al rey astur Alfonso II el Casto con corte en la ciudad de Oviedo, quien una vez personado en el lugar en compañía de sus nobles, manda construir una pequeña iglesia de planta románica de adobe y ladrillos, donde unos monjes veneren los restos.

Una año después el Papa León III, ordena el culto a Santiago en la lejana Gallaecia, y al modesto templo le sustituye otro nuevo ordenado construir y consagrado por Alfonso III el Magno, en el año 899. Ya con una nave de ocho metros.

Hoy trece siglos después, con numerosas ampliaciones, reformas y mezclas de estilos en su construcción. Con distintos arquitectos, como el primer “Obrador” y  creador del Pórtico de la Gloria, el Maestre Mateo, que se puede ver representado de rodillas como el Santo dos Coques. Todo ello, ha dado como resultado una Obra Universal: “La Catedral de Santiago de Compostela”

Se ha convertido por sí misma en exponente y símbolo del fin del Camino de Santiago para miles y miles de peregrinos a lo largo de todos los tiempos.