
El Camino Vadiniense es un antiguo sendero jacobeo que conecta la costa cantábrica con la meseta castellana atravesando los imponentes Picos de Europa. Se trata de una ruta de peregrinación menos conocida, que históricamente ha permanecido a la sombra del popular Camino Francés y del Lebaniego.
Aun así, a lo largo de los siglos numerosos viajeros y peregrinos han transitado por sus parajes de alta montaña, disfrutando de una experiencia única entre valles, bosques y cumbres cantábricas. En la actualidad, ofrece una alternativa espectacular para enlazar el Camino del Norte con el Camino Francés, brindando paisajes de gran valor ecológico y cultural.
Antes de entrar en detalle, aclarar que el artículo es de carácter informativo y que desde Mundiplus no ofrecemos servicios en este recorrido.
Índice de contenidos
Historia del Camino Vadiniense

El origen de esta ruta se remonta a la Edad Media, cuando algunos peregrinos desviaban su trayectoria a través del remoto valle de Liébana para buscar vías más seguras que las costas expuestas. A pesar de no haberse consolidado como una ruta jacobea principal en épocas pasadas (muchos caminantes la recorrían con fines locales o religiosos distintos a Santiago), Vadiniense sirvió como enlace entre ambos.
De hecho, su tramo inicial hasta Potes coincide con la peregrinación secular al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, santuario donde se custodia el Lignum Crucis (el mayor fragmento conocido de la Cruz de Cristo) un destino sagrado que atrajo multitudes desde el siglo VIII.
El nombre “Vadiniense” proviene de los Vadinienses, un antiguo pueblo celta que habitaba esta región montañosa en tiempos prerromanos. Sus dominios se extendían entre el oeste de Cantabria, el oriente de Asturias y el noreste de León, precisamente la zona geográfica por la que transcurre la ruta.
La ruta cayó en desuso durante siglos recientes, hasta que asociaciones locales y autoridades emprendieron su recuperación a inicios del siglo XXI. En especial, con motivo del Año Jubilar Lebaniego 2017 se volvió a señalizar íntegramente el recorrido, revitalizando su uso por peregrinos contemporáneos.
Desde entonces, aunque sigue siendo una senda minoritaria, el Camino Vadiniense ha visto crecer poco a poco el interés. Hoy sigue siendo una joya oculta para los amantes de la montaña y la soledad.
Recorrido y etapas del Camino Vadiniense

El Camino Vadiniense recorre aproximadamente 200 km divididos en 9 etapas, uniendo San Vicente de la Barquera (Cantabria), en la costa del Mar Cantábrico, con Mansilla de las Mulas (muy cerca de la ciudad de León), ya en la meseta castellana.
A lo largo de este recorrido, la ruta atraviesa paisajes de extraordinaria belleza: sigue el curso del valle del río Deva en Cantabria, asciende por los Picos de Europa hasta sus estribaciones orientales y luego desciende por el valle del río Esla en León. Como ya hemos dicho, en sus primeras jornadas comparte senda con el Camino Lebaniego – por lo que muchos peregrinos aprovechan para visitar el Monasterio de Santo Toribio en Potes.
El recorrido completo del Camino Vadiniense suele dividirse en 10 etapas, sumando aproximadamente 210–215 km desde la costa cantábrica hasta la meseta leonesa. A continuación se describen estas etapas y sus principales atractivos:
- Etapa 1: San Vicente de la Barquera – Cades (24 km). La ruta se inicia junto al mar, en la villa marinera de San Vicente de la Barquera, dejando atrás el Camino del Norte. Desde las playas y la famosa iglesia gótica de Santa María de los Ángeles, el recorrido se interna hacia el sur siguiendo valles verdes. La etapa transcurre por senderos rurales y bosques del valle del río Nansa, pasando por pequeñas aldeas y antiguas ferrerías (forjas tradicionales).
- Etapa 2: Cades – Cicera (16 km). Etapa corta en distancia pero de fuerte desnivel. Se asciende por bosques de robles y praderas de montaña con vistas crecientes al valle del Deva. A mitad de camino se alcanza la alta collada que da vista al Desfiladero de La Hermida, un espectacular cañón tallado por el río Deva entre paredes calizas de cientos de metros. Muy cerca se encuentra la iglesia de Santa María de Lebeña, joya del arte prerrománico montañés (siglo X) enclavada al pie de la peña.
- Etapa 3: Cicera – Potes (20,5 km). La senda continúa por el profundo valle de Liébana. Tras cruzar el resto del desfiladero de La Hermida y seguir el curso del río Deva, se llega a Potes. Este es un pueblo de gran encanto, con su casco histórico de calles empedradas y la Torre del Infantado dominando el perfil urbano.
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- Antes de finalizar la etapa, muchos peregrinos aprovechan para visitar el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, ubicado a unos 3 km de Potes . Aquí se encuentra la Puerta del Perdón y el Lignum Crucis.
- Etapa 4: Potes – Espinama (26,3 km). Esta etapa se adentra en los Picos de Europa, con paisajes de alta montaña imponentes. Se pasa junto a pequeñas aldeas del valle de Camaleño y bosques de hayas. A mitad de camino aproximadamente está Fuente Dé, famoso enclave turístico donde un teleférico asciende a los Picos (opcionalmente, algunos peregrinos aprovechan para subir y contemplar las vistas desde arriba).
- Etapa 5: Espinama – Portilla de la Reina (24,0 km). Jornada reina de la ruta, con la subida más dura. Se asciende por senderos de montaña hasta la Horcada de Valcavao (1.794 m de altitud), que marca la frontera entre Cantabria y Castilla y León. Este es el punto más alto de todo el recorrido, ofreciendo panoramas espectaculares. En el camino se atraviesa el Puerto de Pandetrave y se disfrutan de vistas hacia el macizo de Mampodre y otras sierras lejanas.
- Etapa 6: Portilla de la Reina – Riaño (19,9 km). A partir de aquí las etapas son más llevaderas. Se continúa descendiendo por el río Esla entre praderas de alta montaña (brañas) y pequeños collados. El paisaje se abre al acercarse al Embalse de Riaño, enorme lago artificial rodeado de picos escarpados que se reflejan en sus aguas. Las vistas del nuevo Riaño (el pueblo fue reconstruido en alto tras la construcción del embalse en los años 80) son impresionantes.
- Etapa 7: Riaño – Crémenes (19,7 km). El recorrido sigue valle abajo acompañando al río Esla, adentrándose en la denominada Montaña Oriental Leonesa. Alternando entre tramos de carretera secundaria y senderos, la ruta discurre por bosques de robles y praderas fluviales. En esta zona abundan vestigios históricos: por ejemplo, cerca de Crémenes se pueden observar tramos de la calzada romana del Esla, evidencia de antiguas rutas comerciales.
- Etapa 8: Crémenes – Cistierna (16,6 km). Etapa relativamente corta y sencilla. Se avanza por valles agrícolas y campos de cultivo, dejando atrás las montañas más altas. El entorno combina paisajes de ribera con extensiones de cereales a medida que nos aproximamos a la meseta.
- Etapa 9: Cistierna – Gradefes (22,8 km). El recorrido se camina entre pastizales, bosques de ribera y pequeños pueblos agrícolas. El destino de la etapa es Gradefes, localidad conocida por su Monasterio de Santa María la Real de Gradefes, una joya de la arquitectura cisterciense del siglo XII. Este antiguo monasterio femenino sorprende por su sencillez y armonía, y es uno de los últimos grandes hitos culturales antes de unirse al Camino Francés.
- Etapa 10: Gradefes – Mansilla de las Mulas (23,1 km). Última etapa. El terreno ya es prácticamente llano, atravesando la llanura leonesa por senderos agrícolas y carreteras locales. Se pasan aldeas como Villaverde de Sandoval (donde quedan restos de un monasterio antiguo) y finalmente se alcanza Mansilla de las Mulas, villa amurallada que era un importante punto en el Camino Francés medieval.
Dificultad del Camino Vadiniense

El Camino Vadiniense está considerado como una de las rutas más duras de España en el ámbito jacobeo. Sus exigentes desniveles a lo largo de las etapas cántabras – con ascensos y descensos continuos por terreno montañoso – lo reservan principalmente a peregrinos en buena forma física y acostumbrados al senderismo de montaña.
En Cantabria se concentran las subidas más pronunciadas, mientras que una vez en León el perfil se suaviza considerablemente siguiendo valles fluviales. A pesar de alcanzar altitudes cercanas a los 1.800 metros en el cruce de la Cordillera Cantábrica, la ruta no presenta tramos técnicamente peligrosos ni pasos aéreos expuestos. Cualquier caminante con experiencia y precaución puede realizarla sin necesidad de equipo de escalada, aunque debe afrontar etapas físicamente exigentes.
Otro factor a tener en cuenta es la soledad y los servicios limitados en la ruta. Dada su reciente reaparición y dureza es muy poco transitado: por ejemplo, en 2021 apenas lo recorrieron unos 200 peregrinos, cifra ínfima comparada con las decenas de miles del otras rutas. Esta baja afluencia se traduce en que no abundan los servicios de alojamiento y hostelería en algunas etapas.
Por ello, es aconsejable planificar con antelación las paradas y reservas de alojamiento, y llevar siempre algo de comida y agua extra por si no se encuentra donde aprovisionarse fácilmente. La recompensa de esta dificultad logística es una experiencia de paz y conexión con la naturaleza: muchos tramos los harás prácticamente en solitario, disfrutando del silencio de las montañas y de la autenticidad rural.
¿Cuándo hacerlo?
Dada la altitud y el clima de estas montañas, la mejor época para emprenderlo es finales de primavera, verano o inicios de otoño. En invierno, la presencia de nieve y hielo en cotas altas es bastante frecuente (en puntos como la Horcada de Valcavao pueden acumularse varios metros de nieve), lo cual dificulta o imposibilita el paso. Por tanto, se recomienda evitar los meses más fríos a menos que se cuente con material y experiencia en travesías invernales.
Igualmente, en pleno verano conviene madrugar y protegerse bien del sol, ya que hay tramos con poca sombra y el calor podría añadir dificultad extra. En cualquier caso, llevar el equipamiento adecuado (ropa técnica, calzado de montaña, bastones, agua abundante, etc.) es imprescindible para disfrutar con seguridad de esta aventura.
Señalización del Camino Vadiniense
La señalización de esta ruta ha mejorado notablemente en los últimos años. Después de haber permanecido casi olvidado, fue nuevamente señalizado en 2017 coincidiendo con el Año Jubilar Lebaniego, recuperando así la continuidad de sus hitos y marcas oficiales.
En la actualidad, desde San Vicente de la Barquera hasta Santo Toribio de Liébana se sigue la señalética propia del Camino Lebaniego: encontrarás flechas rojas pintadas y símbolos de la cruz roja sobre fondo blanco que guían hasta el monasterio. A partir de Santo Toribio (cerca de Potes), el Vadiniense adopta las clásicas flechas amarillas y conchas del Camino de Santiago, siendo fácil de reconocer la ruta jacobea en adelante.
En términos generales, en la parte de Cantabria la señalización es muy correcta y abundante, gracias al esfuerzo institucional realizado en su día. Ya en la provincia de León, algunos tramos están perfectamente marcados mientras que en otros la señalización puede ser escasa o confusa. Esto exige al peregrino prestar un poco más de atención al mapa o la guía, especialmente en cruces.
No obstante, estas pequeñas dudas puntuales no suponen un problema grave para completar el recorrido. Con un buen mapa (o GPS) y preguntando a los lugareños en caso de duda, es posible orientarse sin demasiada dificultad.
Camino Vadiniense en comparación con otras rutas jacobeas

En el amplio mosaico de rutas del Camino de Santiago, el Vadiniense ocupa un lugar particular como itinerario de conexión entre sendas mayores. A diferencia de los recorridos principales, ofrece aislamiento, alta montaña y desafío físico. También contrasta con el histórico Camino Primitivo, que si bien comparte entornos montañosos y menor afluencia, tiene una tradición jacobea más arraigada y una longitud bastante menor.
Otras rutas reconocidas, como el Camino Inglés o la Vía de la Plata, proporcionan experiencias distintas (recorridos más cortos en el caso del Inglés, o muy largos y de climas extremos en el caso de la Vía de la Plata). En este panorama, el Vadiniense se presenta como una alternativa idónea para quienes desean explorar variantes menos transitadas.
Por suerte, existen numerosas alternativas Camino de Santiago más allá de la ruta francesa tradicional, cada una con su encanto. Por ejemplo:
- El Camino de Santiago desde Oporto permite iniciar la peregrinación en Portugal, atravesando paisajes costeros e interiores lusos antes de entrar en Galicia. De perfil bastante llano, permite también conocer dos paises.
- Otra opción singular es la variante Espiritual del Camino Portugués, en la provincia de Pontevedra, una ruta que añade un toque místico al incluir un tramo en barco por la ría de Arousa remontando el histórico traslado del cuerpo del apóstol.
- Asimismo, el recorrido el Orense Santiago Sanabrés cubre las últimas etapas de la Vía de la Plata ofreciendo una vía más tranquila para llegar a Compostela por el interior de Galicia. Es igualmente menos transitado y presenta un perfil de dificultad intermedio entre el Camino Portugués y el Vadiniense.
El Camino Vadiniense es una ruta fascinante y desafiante que combina patrimonio histórico, aventura en alta montaña y la tranquilidad de los recorridos menos explorados. Si buscas vivir el Camino de Santiago desde una perspectiva diferente – rodeado de cumbres, valles solitarios y antiguos senderos – esta ruta alternativa entre los Picos de Europa y la costa cantábrica puede regalarte una experiencia inolvidable en tu viaje hacia Santiago.





