
El Camino de Finisterre es una prolongación única que lleva al peregrino desde Santiago de Compostela hasta el cabo Finisterre, conocido antiguamente como “el fin del mundo”. A pesar de ser un recorrido relativamente corto (unos 87 km en total), muchos caminantes se preguntan si es exigente esta ruta y cuáles de sus etapas presentan mayores desafíos.
En esta guía analizaremos la dificultad del Camino de Finisterre, comparándola con otras rutas jacobeas. Detallaremos los factores que influyen en su dureza, y describiremos las etapas más duras (y también las más fáciles) de este itinerario hacia la Costa da Morte.
Índice de contenidos
Dureza del Camino de Finisterre vs. otras rutas del Camino de Santiago
Para valorar la dificultad del Camino de Finisterre, es útil compararla con la de otras rutas jacobeas (puedes consultar esta guía Camino de Santiago para información general de todas las rutas). En términos generales, es una ruta asequible y de dificultad moderada, especialmente si la comparamos con recorridos más largos o montañosos. A continuación, veamos cómo se sitúa frente a otras rutas:
- Camino Francés: es la ruta más popular (casi 800 km desde los Pirineos). Aunque tiene etapas duras puntuales –como la subida de los Pirineos en la primera jornada o el ascenso a O Cebreiro en Galicia– se considera de dificultad media. Está muy bien acondicionado con servicios y albergues frecuentes, lo que facilita el avance. En comparación, el Camino de Finisterre es mucho más corto y no alcanza altitudes tan elevadas, por lo que su exigencia física es menor en conjunto.
- Camino Primitivo: conocido por ser de los más duros, discurre por zonas montañosas de Asturias y Lugo. Tiene desniveles fuertes (por ejemplo, la Ruta de los Hospitales) y etapas exigentes casi a diario. Frente a esto, el Camino de Finisterre apenas tiene desniveles reseñables; no presenta grandes puertos de montaña, por lo que resulta mucho más llevadero.
- Camino del Norte: este itinerario costero alterna subidas y bajadas constantes. Sin alcanzar cumbres muy altas, la orografía rompepiernas del Norte acumula fatiga jornada tras jornada. En cambio, la ruta a Finisterre transcurre por colinas y valles suaves de Galicia; salvo algunas cuestas puntuales, no castiga tanto las piernas.
- Camino Portugués (ruta central): es una de las rutas más sencillas en cuanto a terreno, especialmente en su tramo final desde Tui a Santiago, prácticamente llano. Para un peregrino novel, hacer el Oporto Tui Camino Portugués supone días cortos y cómodos. Si se parte más atrás, desde Oporto, la dificultad sube ligeramente (hay algún tramo exigente en Portugal, como la subida al Alto da Labruja tras Ponte de Lima). Aun así, en general el perfil es suave.
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- Variante Espiritual (Translatio): se trata de un desvío especial de 3 etapas dentro del Camino Portugués que combina sendero de montaña y tramo marítimo en barco. El Camino Espiritual es ligeramente más exigente físicamente que el Camino Portugués tradicional, sobre todo por la fuerte subida al Monasterio de Armenteira en la etapa entre Pontevedra y Armenteira. Sin embargo, el resto de esta variante es asequible (incluye incluso navegar por la ría de Arousa) y en dificultad global sigue siendo moderada.
- Camino Inglés: desde Ferrol a Santiago hay unos 118 km repartidos en 5 jornadas. Es un recorrido corto con desniveles moderados (tiene alguna subida notable al interior de Galicia tras la costa inicial). Su dificultad podría considerarse media. Ambos comparten distancias diarias razonables y algunos repechos, pero sin extremos.
- Camino Sanabrés: el tramo final de la Vía de la Plata desde Orense (aprox. 105 km) se realiza en 5 etapas similares en longitud a las de Finisterre. Las etapas Ourense Santiago tienen una dificultad media, destacando la exigente cuesta inicial al salir de Orense (se ascienden varios cientos de metros de desnivel en pocos kilómetros). Tras esa fuerte subida, el resto del recorrido transcurre por terrenos ondulados y pueblos rurales.
En resumen, el Camino de Finisterre resulta muy asequible incluso para peregrinos principiantes. Apenas tiene dificultad comparado con las rutas más largas o montañosas, lo que facilita su recorrido. De hecho, muchos lo eligen para completar su experiencia jacobea después de llegar a Santiago.
Factores que definen la dificultad del Camino de Finisterre

Aunque globalmente esta ruta no es de las más duras, conviene conocer en detalle qué aspectos pueden hacerla más o menos exigente:
- Esfuerzo físico y perfil del terreno: es mayormente llano o de suaves colinas. No hay grandes montañas que escalar; las elevaciones son moderadas y de corta duración. A lo largo del recorrido se encuentran tramos asfaltados, caminos rurales y senderos de tierra.
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- En la primera mitad (entre Santiago y la comarca de Mazaricos) el terreno combina bosques, ríos y pequeñas subidas, pero ningún desnivel resulta insuperable para un caminante con preparación básica.
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- En la segunda mitad, acercándose a la costa, hay alguna pendiente más marcada (por ejemplo al llegar a ciertos “altos” o collados), pero de nuevo son cuestas breves. En general, el perfil no castigará en exceso tus piernas si caminas a un ritmo adecuado.
- Kilometraje total y por etapas: desde Santiago hasta Finisterre son unos 87 km en total, normalmente divididos en 4 o 5 etapas a pie. Esto supone caminar una media de 18-22 km diarios. Ten en cuenta que si intentas hacerlo en sólo 4 días (de Negreira a Olveiroa), habrá al menos una etapa de más de 30 km, lo cual sí eleva la dureza considerablemente.
- Principales pendientes y tramos difíciles: Aunque no hay montañas, sí existen un par de cuestas a destacar.
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- En la 1ª etapa se asciende al Alto do Vento (unos 275 m de altitud) a mitad de recorrido. Es una subida prolongada de varios kilómetros que se hace notar, especialmente si llevas pocos días de rodaje o vienes cansado de un Camino previo.
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- Más adelante, en la 4ª etapa de Olveiroa a Cee, se alcanza el alto del Cruceiro da Armada/Hospital antes de descender al mar: la bajada hacia Cee es empinada y requiere precaución, pues puede castigar las rodillas.
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- En la 5ª etapa final hay pequeñas subidas y bajadas continuas bordeando la costa (especialmente saliendo de Corcubión y en el tramo final hacia el faro de Finisterre).
- Señalización y orientación: El camino de Finisterre está bien señalizado. Encontrarás las familiares flechas amarillas y mojones de piedra con la concha en toda la ruta, igual que en otras rutas. Al salir de la catedral de Santiago de Compostela, inicialmente las flechas pueden ser más discretas (hay que fijarse bien para tomar la dirección correcta hacia Finisterre), pero a las afueras de la ciudad pronto aparecen los mojones con indicación de kilómetros restantes.
A partir del parque de San Lorenzo, las marcas kilométricas son continuas hasta Finisterre (de hecho, también muestran la bifurcación si quieres ir a Muxía). Gracias a esta excelente señalización, no es fácil perderse: incluso sin GPS ni mapas es posible seguir la ruta con confianza.
- Infraestructura y alojamientos: la ruta a Finisterre atraviesa zonas rurales con menor densidad de pueblos y albergues. Sin embargo, esto no significa que vayas a quedarte sin techo: hay múltiples alojamientos disponibles en cada final de etapa típico. Localidades como Negreira, Olveiroa, Cee y Finisterre cuentan con albergues, pensiones u hoteles donde los peregrinos pueden dormir y reponer fuerzas sin problema.
En los tramos intermedios entre estas paradas principales sí hay menos servicios, por lo que suele ser buena idea planificar las paradas en dichas localidades clave.
Otros factores adicionales como el clima también pueden influir en la percepción de dureza: en Galicia la lluvia y el viento son comunes, especialmente al acercarse a la costa. Un día de intenso calor o de aguacero puede hacer más complicada una etapa que en seco sería sencilla. Por suerte, las temperaturas suelen ser suaves la mayor parte del año por esta zona.
Las etapas más duras del Camino de Finisterre
Ahora que conocemos la ruta en su conjunto, vamos a identificar tres etapas concretas que destacan como las más duras dentro del Camino de Finisterre. Aunque ninguna es extrema, estas jornadas presentan mayores desafíos ya sea por su longitud, desniveles o características del terreno. A continuación describimos cada una en detalle:
1. Etapa Santiago de Compostela – Negreira (21 km, dificultad moderada)

Por qué es dura: esta es la primera etapa y, para muchos peregrinos, supone retomar la marcha después de haber completado el Camino principal hasta Compostela.
Aproximadamente a mitad de camino llega la subida más prolongada de toda la ruta: el ascenso al Alto do Vento. Son unos 3 km de cuesta continua, en los que se superan alrededor de 200-250 metros de desnivel. Esta subida se hace dura si llevas las piernas cansadas o si no regulas el ritmo, pues es sostenida y aparece cuando ya llevas unos 11-12 km andados.
Descripción de la etapa: tras dejar atrás la Plaza del Obradoiro, el camino pronto se vuelve tranquilo: se cruzan barrios periféricos y se desciende hacia bosques y corredores verdes a orillas del río Sar. El paisaje gana belleza con cada kilómetro, pasando de la ciudad a entornos rurales gallegos muy pintorescos.
La mitad de la jornada aproximadamente coincide con el km 79 (quedan 79 km a Finisterre), donde suele haber un bar o área de descanso –una parada recomendable para tomar aire. Inmediatamente después empieza la mencionada subida del Alto do Vento, que zigzaguea por pistas forestales. La pendiente se empina bastante, por lo que conviene tomarla con calma, beber agua y hacer pequeñas pausas si es necesario.
A partir de ahí, el resto de la etapa es más llevadero. Se alternan bosques de robles, aldeas tradicionales y tramos llanos o de bajada. Un punto emblemático es Ponte Maceira, un puente medieval de piedra sobre el río Tambre, cuya estampa es bastante fotogénica.
Tras cruzarlo, continúan senderos agradables hasta llegar a Negreira. esta localidad ofrece todos los servicios y es un lugar idóneo para descansar después de este primer día, que en conjunto podemos calificar de moderado.
2. Etapa Olveiroa – Cee (18 km, dificultad moderada)

Por qué es dura: esta cuarta jornada (en un plan de 5 días) incluye dos desafíos particulares: un ascenso progresivo al inicio y, más importante, un fuerte descenso al final. Aunque la distancia no es muy larga (unos 17-18 km), muchos peregrinos señalan la bajada hacia Cee como uno de los tramos más duros físicamente, ya que es prolongada y de pendiente pronunciada.
Las bajadas pueden ser traicioneras: después de días de caminata, los músculos y articulaciones (especialmente rodillas y tobillos) sufren con las pendientes negativas. Por eso, esta etapa merece estar entre las más duras, a pesar de sus kilómetros moderados.
Descripción de la etapa: la jornada comienza en Olveiroa. Al salir de aquí, el recorrido asciende poco a poco por paisajes cada vez más abiertos. Se deja atrás el verde interior para internarse en terrenos algo más áridos, casi de media montaña.
No es una subida muy empinada, pero sí continua durante varios kilómetros hasta alcanzar la zona del Alto do Hospital (llamado así por las ruinas de un antiguo hospital de peregrinos). La sensación es de soledad y transición: de pronto, al coronar, el peregrino sabe que está cruzando desde el mundo interior gallego hacia el mundo costero.
Tras ese punto alto, empieza el descenso y con él las primeras vistas del océano Atlántico. En el paraje de O Cruceiro da Armada hay un mirador natural desde el que, en días despejados, se ve la ría de Corcubión, el cabo Finisterre a lo lejos y el azul inmenso del mar.
Sin embargo, queda lo más exigente físicamente: la bajada final. El camino desciende entre bosques y prados colina abajo, perdiendo altura rápidamente. Hay que ir con precaución, pues el terreno puede tener piedras sueltas. Muchos peregrinos reducen la velocidad en este tramo para no sobrecargar las rodillas. Bastones de trekking, si los llevas, vienen de maravilla para apoyarse y equilibrar el peso al bajar.
Al llegar a la altura del mar, se entra en la localidad de Cee, fin de la etapa. Cee es un pueblo ya de ambiente marinero, con todos los servicios necesarios. La sensación al terminar esta jornada es agridulce: por un lado, las piernas pueden acabar cansadas por la dureza del descenso; por otro, la vista del océano y el saber que ya estamos junto al mar da un subidón anímico enorme.
3. Etapa Cee – Finisterre (15 km, dificultad media)
Por qué es dura: aunque sea la última etapa y la más corta en distancia (unos 15 km), no debe subestimarse. El cansancio acumulado de los días anteriores puede notarse, y esta jornada tiene varios tramos de subidas y bajadas cortas que pueden sorprender.
Además, muchos peregrinos prolongan la caminata unos kilómetros adicionales hasta el Faro de Finisterre, que se encuentra más allá del pueblo en lo alto de un promontorio. Esa subida final al faro, después de haber llegado al pueblo de Fisterra, añade un esfuerzo extra. En conjunto, no es una etapa difícil técnicamente, pero sí intensa emocionalmente y con algunos repechos que ponen a prueba la resistencia en el tramo final del viaje.
Descripción de la etapa: desde Cee, el Camino transcurre inicialmente junto al mar. Hay un precioso paseo costero que conecta Cee con Corcubión, localidad vecina, en un trayecto prácticamente llano bordeando la ría. Este inicio es muy agradable, con la brisa marina acompañando al peregrino.
Al salir de Corcubión, el panorama cambia: toca despedirse del nivel del mar momentáneamente para afrontar una subida hacia el interior de la península de Finisterre. Es un ascenso por carretera y sendero que regala vistas panorámicas de la costa a medida que se gana altura. No es extremadamente largo, pero sí empinado en algunos tramos. Superada esta colina, el recorrido cruza bosques y pequeñas aldeas.
Pronto llega la última bajada importante: el sendero desciende hacia la playa de Langosteira, una larga playa de arena blanca que se extiende a las puertas del propio pueblo de Finisterre. Muchos peregrinos eligen caminar un rato por la orilla de la playa, incluso descalzarse y meter los pies en el agua fría del Atlántico como rito simbólico de purificación. Desde el extremo de Langosteira ya se divisan las primeras casas de Fisterra (Finisterre).
Técnicamente, a pie termina en el centro urbano de Finisterre, donde se puede obtener la “Finisterrana” (certificado de haber llegado). Sin embargo, la mayoría de peregrinos sienten que su viaje no está completo hasta caminar los 2-3 km adicionales hasta el Faro de Finisterre, ubicado en el cabo, marcado con el mítico mojón del Km 0,00.
Esta subida final al faro se realiza por carretera asfaltada o atajos sendereando la ladera. Son unos 20-30 minutos de ascensión constante, con el cansancio ya acumulado pero alimentados por la ilusión. Al llegar arriba, el paisaje y la simbología del lugar hacen que todo el esfuerzo haya valido la pena: el vasto océano Atlántico ante tus ojos y la sensación de haber llegado literalmente al “fin de la tierra”.
En definitiva, la etapa de Cee a Finisterre puede parecer fácil por su kilometraje corto, pero concentra varios desniveles y el desgaste de todo el Camino. Aun así, la motivación de estar terminando impulsa a muchos a superarla sin problemas. Es una etapa para saborear cada paso, a pesar de las cuestas, y terminar con un inolvidable atardecer en el faro como colofón.
Las etapas más fáciles del Camino de Finisterre

No todo va a ser dureza en esta ruta; también existen etapas especialmente sencillas y relajadas, que permiten recuperar energías y disfrutar del entorno sin prisas. En el Camino de Finisterre podríamos destacar sobre todo una jornada como la más fácil:
Etapa Maroñas (Santa Mariña) – Olveiroa (aprox. 13 km, dificultad baja): Corresponde a la tercera etapa si hacemos el camino en 5 días. Es notablemente más corta que el resto, pensada precisamente para dividir lo que antiguamente se hacía en una sola tirada larga. Con unos 13-14 km de recorrido prácticamente llanos, esta caminata se completa en medio día.
El trazado discurre por senderos rurales, entre pequeñas aldeas y paisajes bucólicos, sin ninguna subida importante. Muchos peregrinos aprovechan para tomar esta etapa con mucha calma: salir más tarde, detenerse en los arroyos, conversar con otros caminantes o simplemente contemplar los hórreos y las iglesias rurales del camino.
Al llegar a Olveiroa antes de la hora de comer, se dispone de toda la tarde para descansar en este pueblo tranquilo. Esta jornada actúa casi como un “día de recuperación”, preparando las piernas para las etapas finales más largas. Sin duda, es la etapa más fácil y corta del Camino de Finisterre, ideal para relajarse.
Otra etapa relativamente llevadera es la Negreira – Maroñas, de unos 20 km, que sería la segunda jornada en el itinerario de 5 días. Su perfil es de dificultad media-baja: aunque 20 km ya requieren un esfuerzo, no presenta grandes cuestas (solo pequeños repechos suaves) y el terreno es bastante amigable. Tras la subida del Alto do Vento superada el día anterior, esta etapa se siente más fácil en comparación. En general, tanto la etapa 2 como la 3 permiten al peregrino entrar en ritmo sin demasiado desgaste.
En resumen, el Camino de Finisterre combina etapas de esfuerzo moderado con alguna muy ligera. Alternar días duros con días más fáciles forma parte de su equilibrio, haciendo que la ruta sea variada y llevadera. Muchos peregrinos agradecen especialmente esa etapa corta de Maroñas a Olveiroa para reponer fuerzas y disfrutar con tranquilidad.





