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El Monasterio Benedictino de San Julián y Basilisa (conocido popularmente como Monasterio de Samos) se encuentra en el Camino Francés, próximo al mítico O Cebreiro en la provincia de Lugo y encajonado en un precioso valle, sito en la localidad de Samos.

En nuestra humilde opinión el Monasterio de Samos es probablemente, después de la Catedral de Santiago y junto a la Iglesia de Santa Maria la Blanca en Villalcázar de Sirga, uno de los mejores y más significativos templos religiosos del Camino de Santiago Francés.

Hasta que no se llega físicamente a los pies del mismo, no se puede imaginar la grandeza del mismo, debido al lugar donde se encuentra, a los pies del río Sarria u Oribio y la pequeña población que lo enmarca.

Está considerado como Monumento Nacional y Bien de interés cultural. En su interior alberga, entre otras estancias, un afamado Albergue de Peregrinos para aquéllos que realizan el Camino de Santiago Francés.

Es el monasterio habitado más antiguo de España y uno de los tres que se encuentran en Galicia, con estas características.

Su historia se remonta al siglo VI, según una lápida visigótica que lo atestigua, fundado por San Martiño de Dumio, siendo posteriormente ampliado a lo largo de los siglos.

Sufrió diversos avatares, entre otros, por la invasión musulmana, por lo que temporalmente fue abandonado y también sirvió de refugio, en su infancia, para el que sería Alfonso II el Casto, Rey de Asturias, hecho que resultó decisivo para la expansión económica, artística y cultural del citado Monasterio y, por ende, del Camino de Santiago, pues fue durante el reinado del rey Alfonso II cuando se descubrió la tumba del Apóstol Santiago.

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Después de algunas vicisitudes, respecto a las Órdenes monásticas que lo habitaron, fue en el Siglo XII, con la Reforma de la Orden del Cluny, cuando alcanza una gran importancia.

Al igual que en el resto de España, sufrió la “Desamortización de Mendizábal”, en el año 1836, por lo que tuvo que abandonar el monasterio la comunidad benedictina que se alojaba allí, hasta el año 1880 que pudieron regresar.

Desde el Siglo X, la Orden Benedictina, titular del Monasterio, se rige por las Regla de San Benito.

La construcción del Monasterio de Samos se desarrolla, principalmente, entre los siglos XVI al XVIII (estilo renacentista y barroco)

Destacamos la Iglesia, edificio neoclásico de planta rectangular, de tres naves, así como su retablo Mayor y la escalinata, muy similar a la de la Catedral de Santiago en su entrada por la Plaza del Obradoiro, así como su sacristía y la fabulosa biblioteca que cuenta con algunos “incunables” y colecciones como “La Patología Griega” y “Latina”, así como “Sacrorum Conciliorum nova et amplissima”

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El monasterio cuenta con dos claustros:  “El claustro más grande de España o del Padre Feijoó”, del siglo XVIII, en el que se encuentra la estatua del monje benedictino, que tomó los hábitos en el citado Monasterio y  “El Claustro de las Nereidas”, del Siglo XVI.

Cabe citar, en las proximidades del Monasterio, la Capilla del Ciprés, obra del siglo IX, de estilo mozárabe (con puertas de arco de herradura), que pudo tener funciones de albergue de peregrinos o celda monástica.

Junto a esta capilla, encontramos un impresionante ciprés, que da nombre a ésta, de una antigüedad aproximada de un milenio.

Como conclusión podríamos decir que el Monasterio de Samos bien vale un alto en nuestro Camino de Santiago desde O Cebreiro, antes de llegar a la localidad de Sarria. Para visitarlo en profundidad deberás pasar noche en Samos para que te de tiempo suficiente a visitar con calma su interior de la mano de los monjes benedictinos que serán unos guías excepcionales de lo que es “su casa”