El Kumbh Mela es reconocido como la congregación religiosa más multitudinaria del planeta. Se trata de un festival sagrado del hinduismo que congrega a decenas o incluso cientos de millones de peregrinos en cada edición. Supera por mucho a cualquier otra peregrinación conocida (por ejemplo, el Hajj a La Meca reúne alrededor de 1,8 millones de fieles al año).

A continuación, exploraremos qué es y en qué consiste el Kumbh Mela, su origen e historia, las particularidades de su práctica y cómo se compara este masivo fenómeno con el Camino de Santiago. Esta comparación nos permitirá entender diferencias y similitudes en cuanto a dificultad, trayecto, preparación y significado espiritual de ambas experiencias de peregrinación.

 

¿Qué es el Kumbh Mela?

El Kumbh Mela (literalmente, «festival del cántaro») es un antiquísimo festival religioso hindú que se celebra de forma rotativa en cuatro lugares sagrados de la India. Durante sus fechas, millones de devotos acuden espontáneamente a bañarse en las aguas de ríos sagrados (principalmente el Ganges y sus confluencias) con la creencia de purificar sus pecados y liberarse del ciclo de reencarnaciones.

Esta festividad fue inscrita en 2017 en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO debido a su enorme importancia espiritual y cultura.

Cada celebración dura varias semanas (alrededor de 45 días en las ediciones más grandes) e implica rituales diarios de abluciones al amanecer. El momento cumbre es el baño masivo en el río sagrado en días astrologicamente auspiciosos.

Los peregrinos —hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, ascetas sadhus vestidos de naranja o incluso desnudos cubiertos de ceniza (los famosos naga sadhus)— se sumergen en el agua fría convencidos de que el baño sagrado limpia sus pecados y los acerca a la moksha (liberación espiritual). Esta inmersión en la confluencia de ríos (conocida como Sangam cuando confluyen Ganges, Yamuna y Saraswati) es el acto central y más simbólico.

 

Origen mítico e historia del Kumbh Mela

Su origen se remonta a antiguas leyendas de la mitología hindú. Según los textos sagrados, hubo una colosal batalla entre dioses y demonios por hacerse con un kumbh (cántaro) que contenía el néctar de la inmortalidad.

Durante la persecución, el dios Vishnú derramó inadvertidamente cuatro gotas del néctar, que cayeron sobre cuatro ciudades de la India. Estos lugares —Prayagraj (antes Allahabad), Haridwar, Nashik y Ujjain— se convirtieron así en ciudades santas de peregrinación, escenario del Kumbh Mela en ciclos rotativos. La creencia popular sostiene que bañarse en los ríos de esas localidades durante el festival otorga la gracia divina al devoto.

Históricamente, cuenta con registros de celebraciones que se remontan a muchos siglos atrás. Crónicas del siglo VII d.C. ya describen grandes congregaciones de peregrinos bañándose en Prayagraj.

Con el tiempo, la festividad fue creciendo en afluencia y organización, consolidándose como una tradición panhindú. En la actualidad, se celebra cuatro veces cada doce años, alternando entre las cuatro ciudades mencionadas. Es decir, aproximadamente cada tres años hay un Kumbh Mela en India, rotando la sede.

 

  • Prayagraj alberga la edición más multitudinaria (conocida como Maha Kumbh Mela cuando coincide con ciertas alineaciones astrológicas especiales cada 12 años).

 

  • Haridwar, Nashik y Ujjain celebran las otras ediciones de importancia.

 

Por ejemplo, la edición de 2025 en Prayagraj ha sido anunciada con todos los récords de participación, esperándose 400 millones de peregrinos durante las seis semanas de celebraciones. Para ponerlo en perspectiva, la edición previa (2019, de menor importancia relativa) aún así congregó unos 240 millones de personas

Igualmente, otras ciudades como Nashik o Ujjain reúnen decenas de millones cuando les corresponde su turno.

 

Las cuatro sedes sagradas y el calendario del Kumbh Mela

Como ya hemos dicho, esta celebración tiene lugar cuatro veces cada doce años; cada vez en una de estas cuatro ciudades: Prayag (Prayagraj), Haridwar, Ujjain y Nashik”. Cada una de estas está asociada a un río sagrado y a un signo astrológico específico, definiendo el calendario de celebraciones:

 

  • Prayagraj (Allahabad): ciudad situada en la confluencia del Ganges, Yamuna y Saraswati (Triveni Sangam). Está considerada como la sede más auspiciosa. Aquí se celebra el Maha Kumbh Mela cada 12 años (y Ardh Kumbh cada 6), cuando Júpiter está en Acuario y el Sol en Aries.

 

  • Haridwar: a orillas del río Ganges en el piedemonte himalayo. Ocurre cuando Júpiter entra en Acuario y el Sol en Aries (alternando con Prayagraj en el ciclo de 12 años). Haridwar fue sede en 2021 y volverá a serlo aproximadamente 12 años después. Millones de personas acuden para bañarse donde el Ganges desciende de las montañas.

 

  • Nashik: ciudad del estado de Maharashtra, bañada por el río Godavari. Comparte con Ujjain el ciclo de Kumbh Mela cuando Júpiter entra en Leo (signo asociado al dios Shiva). Nashik organizó el festival en 2015 y tiene programada su próxima gran celebración en 2027. Aunque su afluencia es menor que la de Prayagraj, puede atraer decenas de millones de devotos.

 

  • Ujjain: localizada en Madhya Pradesh, a orillas del río Kshipra. Es la cuarta sede, también vinculada astrológicamente a Júpiter en Leo. Ujjain celebró su último Kumbh en 2016. Destaca por sus templos dedicados a Shiva y por ser un importante centro de ascetas sadhus.

 

El ciclo completo se repite cada 12 años. Existe la creencia de que cada 144 años ocurre un Maha Kumbh Mela extraordinario en Prayagraj con alineaciones aún más raras (aunque popularmente el término Maha se usa también para las ediciones de 12 años de Prayagraj).

Entre Kumbh Melas completos, algunas ciudades celebran Ardh Kumbh (medio Kumbh) o ferias anuales más pequeñas para mantener viva la tradición peregrina local.

 

Una experiencia masiva: rituales, logística y desafíos

El atractivo central del Kumbh Mela es espiritual, pero la experiencia en sí implica una complejidad logística enorme.

Durante las seis semanas que dura el festival, la ciudad anfitriona debe acoger a multitudes equivalentes a la población de un país entero. Por ejemplo, en 2025 se estima recibir hasta 400 millones de personas, cifra comparable a juntar la población de Estados Unidos y Canadá en un solo lugar. Incluso para la India (país de 1.400 millones de habitantes habituado a eventos masivos), esto supone un reto de altísima magnitud.

 

  • Infraestructura: las autoridades construyen auténticas ciudades temporales de carpas para alojar a los peregrinos. En Prayagraj 2025 se instalaron 150.000 baños públicos y 68.000 luces de alumbrado en un campamento que ocupa un área de dos tercios de la isla de Manhattan. Se habilitan también hospitales de campaña, puestos de agua potable, cocinas comunitarias y kilómetros de pasarelas y caminos provisionales a orillas del río.

 

  • Rituales diarios: antes del amanecer, grupos inmensos de peregrinos se dirigen al río para el baño ritual. Los más devotos buscan llegar al punto exacto de la confluencia fluvial —Triveni Sangam— en barcas abarrotadas, mientras otros se conforman con sumergirse cerca de la orilla.

 

Se escuchan tambores, cantos y se observan procesiones coloridas: séquitos de elefantes, tractores con estatuas de deidades, columnas de kumbh (ascetas desnudos cubiertos de ceniza) bendiciendo a la multitud. Todo ocurre en medio de un ambiente fervoroso pero a la vez caótico, dada la cantidad de asistentes.

Los hindúes consideran que “para un hindú, es una ocasión imperdible”, pues bañarse en el Kumbh Mela es como hacerlo en néctar divino.

 

  • Viaje del peregrino: a diferencia del Camino de Santiago, en el Kumbh Mela no hay un único camino predeterminado que todos recorran; cada peregrino emprende su viaje desde su lugar de origen hasta la ciudad sede del festival. Muchos viajan en trenes y autobuses abarrotados o en camiones, a veces durante días enteros, para llegar a tiempo a las fechas señaladas.

 

  • Seguridad y dificultades: Manejar aglomeraciones de esta escala es extremadamente difícil. Se despliega un operativo enorme de seguridad: en 2025, 1.000 policías, 2.700 cámaras con IA, drones aéreos y acuáticos fueron empleados para monitorizar a la muchedumbre.

 

Además, la masividad conlleva problemas sanitarios (manejo de residuos, riesgo de enfermedades), largas esperas para todo (desde conseguir agua o comida hasta acceder al río) y la posibilidad de extraviarse: es común que personas, especialmente ancianos, se pierdan de sus grupos o familias entre la multitud.

 

  • Significado y espíritu: a pesar de los inconvenientes logísticos, se vive con entusiasmo y fe. Los peregrinos soportan las incomodidades motivados por la convicción espiritual de que esta experiencia les otorgará bendiciones únicas. La atmósfera que se respira combina fervor religioso, celebración cultural y solidaridad (muchos voluntarios ofrecen ayuda altruista).

 

El festival también es un foro donde gurús y líderes espirituales realizan satsangs (discursos), se comparten enseñanzas ancestrales y prácticas rituales transmitidas desde hace siglos.

Tras entender su magnitud, resulta interesante comparar esta peregrinación masiva con el Camino de Santiago. Aunque son experiencias muy distintas en número de participantes y forma de realización, ambas comparten el trasfondo de la fe, la tradición histórica y el desafío personal.

A continuación, analizaremos el Camino de Santiago frente al peregrinaje al Kumbh Mela, considerando aspectos como la distancia recorrida, las dificultades, la logística y la historia de cada uno.

 

El Camino de Santiago y el Kumbh Mela: dos grandes peregrinaciones

Si ya conoces o te suena el Camino de Santiago, el Kumbh Mela puede entenderse como su “hermano lejano” en la India, pero llevado a otra escala. En realidad, mientras que en el Camino los peregrinos caminan día tras día hasta llegar a la tumba del apóstol, aquí millones de personas se concentran en una ciudad sagrada para bañarse en un río determinado en unas fechas muy concretas.

En ambos casos hay un trasfondo de fe, tradición y búsqueda personal, pero la forma de vivir la peregrinación es muy distinta. En páginas especializadas donde se muestra información Camino de Santiago se ve claramente esa diferencia: el Camino se estructura en etapas, alojamientos y servicios, mientras que el Kumbh Mela es más bien una gran ciudad temporal que aparece y desaparece alrededor del río sagrado. Y sí, puedes llegar hasta aquí peregrinando.

 

  • En el Camino Francés, el esfuerzo se mide en kilómetros: unos 800 km desde los Pirineos hasta Santiago, repartidos en etapas de 20–30 km al día. El peregrino se enfrenta a subidas como los montes de León o O Cebreiro, pero cuenta con buena señalización, flechas amarillas constantes y una red muy densa de albergues, bares y pequeños comercios.

 

    • Nada que ver con el Kumbh Mela, donde no hay un camino lineal ni etapas marcadas: cada devoto llega como puede hasta la ciudad sede y el gran reto no es la distancia, sino moverse dentro de una multitud gigantesca para llegar al río y poder bañarse.

 

  • El Camino Portugués es un buen ejemplo para comparar el esfuerzo físico “occidental” con el clima espiritual de India. Uno de sus tramos más habituales es el camino desde Oporto a Tui, que se recorre en varias etapas y combina zonas llanas con alguna subida exigente, como la de la Serra da Labruja. Aquí las dificultades son las cuestas, las ampollas y la meteorología;

 

    • En el Kumbh Mela, en cambio, el cansancio viene de las aglomeraciones, las largas horas de pie, las colas para acceder a las orillas del río y la necesidad de estar siempre atento para no perderse entre millones de personas.

 

  • También hay rutas jacobeas pensadas para quien busca una vivencia más íntima y simbólica. Es el caso del camino Espiritual. Aquí, el peregrino revive la leyenda de la llegada por mar de los restos del apóstol, en un entorno de bosques, monasterios y agua. El silencio, los pequeños grupos y la naturaleza invitan a la introspección.

 

    • En el Kumbh Mela sucede justo lo contrario: la experiencia se vive rodeado de cantos, tambores, procesiones y predicadores, con una energía colectiva que casi “arrastra” al peregrino hacia el río.

 

  • Algo similar ocurre con rutas menos masificadas como la Vía de la Plata y su tramo final de Ourense a Santiago. Desde aquí se completa la peregrinación en apenas unos días, con etapas de media montaña, paisajes rurales y pueblos pequeños donde los albergues y casas de turismo rural son parte de la experiencia. Es un camino más solitario, donde a veces se camina horas sin cruzarse con nadie.

 

    • En el Kumbh Mela, sin embargo, la idea de “caminar solo” es casi imposible: en los días fuertes, todo son colas, corrientes humanas y una densidad de gente que obliga a avanzar al ritmo de la multitud.

 

En conjunto, todas las grandes rutas jacobeas comparten una estructura parecida: etapas razonables, buena señalización, alojamientos frecuentes y una historia que se remonta a la Edad Media. El Kumbh Mela, por su parte, no propone un trazado a seguir, sino una cita en el tiempo y en el espacio: unas fechas concretas, una ciudad concreta y un río concreto.

El peregrino del Camino de Santiago avanza día a día hacia la meta; el peregrino del Kumbh Mela se prepara para un solo momento clave, el baño, que apenas dura unos minutos pero que, para él, justifica todo el viaje.

Pese a estas diferencias, hay algo que une ambas experiencias: la mezcla de cansancio, emoción y gratitud cuando se alcanza el objetivo. Sea entrando en la plaza del Obradoiro después de recorrer cientos de kilómetros, sea saliendo empapado del Ganges tras lograr acercarse al agua entre millones de personas, el peregrino siente que ha vivido algo único.

Al final, ambas experiencias son dos maneras distintas de responder a la misma llamada interior: la de ponerse en camino para buscar sentido, fe y una forma distinta de mirarse a uno mismo y al mundo.